Recomendaciones para que los niños estudien en verano.


Hoy queremos dedicar este post al verano! Qué bonito suena. ¿Pero a qué suena el verano para tu hijo? Aunque a algunos adultos les sorprenda o den por hecho que para los niños el verano es: sol, piscina, jugar, levantarse tarde… no creas que lo es para todos. Depende de la educación y la necesidad de sentirse útiles que se les haya inculcado desde pequeños. Y os lo vamos a contar con una historia personal para daros los trucos sobre cómo hacer que los niños estudien en verano.

En verano hay mucho tiempo y no hay que desaprovecharlo. Por ello, como a mí personalmente me pasó y ahora de adulta estoy muy orgullosa de haber aprovechado ese tiempo aprendiendo, hoy voy a permitirme desvelar mi pasado para que mi historia inspire a muchos padres a motivar a los niños a que sigan aprendiendo dia a dia por su propio mérito y voluntad.

El “ estudio” o mas bien como a nosotros nos gusta llamarlo “ el dedicarle tiempo a aprender” puede ser apasionante para un niño.

Yo personalmente recuerdo con mucho cariño ese tiempo que dedicaba a hacer ejercicios sobre diferentes materias después de comer. Mi hermano y yo somos muy diferentes, como el dia y la noche. Mi hermano le costaba mucho ponerse a estudiar, si podía evitar hacer deberes lo hacía y en los exámenes no sacaba grandes notas… yo, sin embargo, yo era estudiosa y si me ponía yo sola a hacer los deberes y a estudiar. Pero en verano todo era distinto… no había diferencias entre nosotros, a los dos nos encantaba completar esos cuadernos de verano.

¿ Y cómo empezó todo?

Pues bien, el primer cuaderno de verano que recuerdo es con 4 años. Muy pequeña, era uno con al portada de un gato, lo recuerdo porque me gustaba mucho. Desde muy de pequeños mi madre nos compraba a mi hermano y a mi libros de verano, y a veces junto a ella, otras veces mi hermano y yo solos, nos poníamos después de comer a hacer esos ejercicios tan fáciles porque estaban muy bien explicados y al mismo tiempo tan instructivos. Al principio era de pintar, colocar letras, pequeñas sumas con los cuadernillos rubio… y poco a poco se iba complicando. Lo que sí que no cambiaba es que nos llevábamos el cuaderno allí donde fuéramos: al pueblo, a la playa o en casa.

Aún recuerdo qué hacíamos: la diferencia entre “más y mas”, “ la g y la j” , juegos de lógica, cálculo… teníamos por lo menos tres libros cada uno y siempre después de comer, mi hermano y yo íbamos a su habitación a hacer todas esas fichas. Nos pasábamos una o dos horas completando los libros en esas horas tan extenuantes de calor con esas películas tan aburridas en la televisión. Nosotros éramos felices con esos libros tan bonitos y divertidos hasta la hora que hacíamos la digestión y podíamos de nuevo salir a jugar a la piscina. Y qué satisfacción cuando completábamos cada cuadernillo y comenzábamos algo nuevo. A veces incluso nos pedían que nos inventáramos historias, pintáramos, jugar a encontrar países, y como además mi hermano y yo tenemos un sentido de humor excepcional, nos lo pasábamos muy bien y nos contábamos bromas y nos reíamos. Nos gustaba tanto, que el verano para nosotros era también estos libros, y cuando nos daban las vacaciones del colegio, le pedíamos a nuestros padres que nos comprasen los mismos libros que el año anterior pero de nivel superior.

¿ Y cómo consiguió mi madre que tuviéramos tal pasión por estos libros?

La verdad que mi madre no tuvo gran cosa que hacer. Desde que éramos muy pequeños con 4 años mi madre nos compraba libros en verano para hacerlos después de comer con la excusa que “ hace mucho calor para salir a la calle” mi madre nos pintaba un escenario donde sin duda el tiempo se pasaba más rápido haciendo el libro sin darnos cuenta, esto se hizo un hábito y aún con 12 y 13 años no nos imaginábamos nada mejor que hacer que ese bonito momento después de comer que aprovecharlo haciéndonos libros y fichas.

Lo veíamos casi como un juego, además no era el libro rollo del cole, con cosas complicadísimas y párrafos inmensos. Eran libros muy intuitivos que además te daban ganas de más ya que era cosas que no veíamos en el cole. Juegos de lógica, escritura (que a mí personalmente me encantaba) cálculo adaptado al niño etc.

Y otro de los secretos es que los ejercicios te daban ganas de contarlo y te hacían poderoso sabiéndolo. Aun recuerdo cómo me gustaba fardar con mis amigos: ¿Sabes cuándo se pone porque, por qué, porqué y por que? , le decía a mis amigos, ¿ te digo un truco para diferenciar los 3 “hays”?: ahí hay un hombre que dice ay! Y nos reíamos a carcajadas y nos pasábamos la tarde repitiéndolo ( o incluso varios días) Y un sinfín de cosas que a mi edad de niña me hacían sentirme super poderosa, super lista y mejor que los demás. Además que me acuerde que me encantaba ver cómo mis amigos hacían faltas de ortografía y decirles… ves ¡te has equivocado! ¡ Es asi! Un ejercicio que practicaba también conmigo misma porque con 9 años, me regalaron un diario y lo escribía todos los días y claro, a veces me entraban dudas y otras me ponía tan contenta porque lo había visto en el libro esos día.

Es muy bueno también que los niños cojan el hábito de escribir, redactar y practicar las faltas de ortografía. Y así se pasaba el verano y venia como si lo hubieran calculado… había terminado mis cuadernos cuando otros nuevos y brillantes me esperaban para arrancar el nuevo curso.

¿ Y cuando son adolescentes, cómo podemos hacer que estudie en verano?

Cuando el niño entra en la adolescencia, la psicología a aplicar es bastante más compleja. Pero la base sigue siendo más fácil que con los niños: inducirles y presentarles opciones que creemos que le gusta. Sigo con contándoos mi historia para que sepáis a lo que me explico. Con la adolescencia, ya los libros de verano se quedan un poco para los niños pequeños ( de hecho las editoriales lo saben y ni los fabrican) pero lo que mi madre hizo es proponerme otros cursos enfocados en la vida laboral que me atrajeran. Desde pequeña me ha gustado bailar, los peinados, la moda… y mi madre con una sonrisa en la cara vino un dia y me dijo: ¿Hija, quieres hacer un curso de azafata de congresos que he visto y que tienen un aspecto interesante? Lo estuve mirando, y se me iluminaban los ojos: tenia de todo! Protocolo, imagen, informática… Y encima en verano, lo que me permitía seguir haciendo hago útil. Tenía 16 años y fue toda una experiencia. Me acuerdo que hice muy buenas amigas en el curso, aunque eran un poco mayores pero tenían la misma ambición, y nos llevábamos genial. Aprendí mucho y sobre todo qué ilusión recibir mi primer título después de 140 horas de curso yendo todas las mañanas a la Gran Via a hacer el curso. Me gustó mucho. Tanto que al verano siguiente me apunté a uno de animación turística, donde hice todavía más amigos porque nos pasábamos las clases jugando, hablando, riendo, cantando y lo que creó muchos lazos de confianza entre nosotros. De hecho recién obtuve el título cumplí los 18 y me permitió encontrar mi primer trabajo como animadora de aerobic: qué chollo! Me pagaban por hacer lo que me gustaba y hacer ejercicio. Fue toda una experiencia.

Por lo que recomiendo mucho que aprov